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El escritor portugués José Saramago,
premio Nobel de Literatura y personaje muy vinculado a La
Alpujarra tras su matrimonio con la periodista granadina Pilar del Río,
cuenta en su novela La caverna, la historia de un
artesano tradicional, alfarero por más señas, que se
ve abocado a cerrar su taller y abandonar su pueblo a causa del expansionismo
avasallador e inhumano de las grandes superficies comerciales.
Es
decir, la vieja historia, una vez más, del pez grande que
se come al chico, o en este caso, la pequeña alfarería familiar tragada por el centro comercial gigantesco, situación
que termina haciendo creer a sus protagonistas que han dejado de
ser ya necesarios al mundo. |
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"Todos los días se extinguen especies
animales y vegetales, todos los días hay profesiones que se
tornan inútiles, idiomas que dejan de tener personas que los
hablen, tradiciones que pierden sentido, sentimientos que se convierten
en sus contrarios", son algunas de las reflexiones que la lectura
del libro sugiere y, sin duda, las que mejor pueden resumir el mensaje
que su autor se propuso transmitir en sus páginas.
Pero, a pesar del pesimismo generalizado que de la
novela de Saramago se desprende, todavía hay personas y lugares
dispuestos a resistir el avance imparable de un progreso en La
Alpujarra mal entendido y un modo de vivir que cada vez va siendo menos el
nuestro.
Ése
es, precisamente, nuestro caso de la Alpujarra y
de las gentes como los los Artesanos. |
| Pero, aunque la historia de La
Alpujarra no gire en exclusiva, como en el caso de La caverna,
alrededor del gremio de la alfarería y
la cerámica, sí merece la pena recordar aquí el
pasaje de la novela en el que Saramago relaciona el nacimiento
de la artesanía del barro
con el legendario origen divino de la Humanidad. |
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